5. Mi mejor amigo se entera… My Best Friend knows about it…

Igual que el relato anterior, fue durante la preparatoria; de hecho, poco después del evento del campamento, unas tres semanas después, para mayor exactitud.

Fue un momento muy divertido para mí… aunque debo reconocer que muy osado.

Uno de esos días en que, por flojera, decidimos él (Aarón) y yo regresar a casa en un taxi, un viaje de aproximadamente una hora y media atravesando la ciudad de México. Por lo que me sentí seguro de experimentar una vez más con este “extraño hábito” que se estaba generando en mí.

De esas veces en que tenía ganas de hacer del baño… y casi sin pensarlo empecé por orinarme en el taxi. Hasta aquí sin mayor repercusión: yo traía encima de mí una camisa de franela larga, y además había puesto mi mochila de escuela sobre mí, de tal forma que no se notaba… además me tomé mi tiempo para hacerlo. Aarón me preguntó a medio proceso: “Oye… te noto algo callado… ¿pasa algo?”… Y por supuesto, yo sólo le dije que me sentía algo cansado…

Pero, terminando de orinarme, surgió en mí la endiablada idea de hacer “lo otro”… me dije, “Bueno, ya mojé mi pantalón… este taxi me dejará justo en mi casa…, ¿quién se daría cuenta?…”

Así que lo hice… fue un poco difícil, puesto que estaba sentado. Con mucho cuidado, y como si me acomodara levanté un poco mis nalgas del asiento, dejando salir con cierto frenesí la materia fecal… pero, fue mucho más de lo que yo esperaba… y, otra vez, salió un material un tanto aguado… ¡mala tarde!, aunque sí… lo disfruté bastante, sobre todo al sentarme, al sentir cómo el “asunto” se esparcía por mis nalgas, hacia abajo del pene… y también algo del material salía de mi trusa manchando el pantalón de mezclilla que traía puesto…

El aroma, debido a que Aarón y yo, y también el chofer íbamos fumando, y traíamos las ventanillas del automóvil abajo, apenas era ligeramente perceptible… el único comentario fue el del chofer: “Estas cloacas de la ciudad… mmm… deberían limpiarlas más seguido”. Pero, la mirada de Aarón fue más que elocuente… fue una mirada de “¿Otra vez?”, la cual me puso nervioso…

Cuando llegamos a casa, pagué el taxi y dejé que Aarón saliera primero. Y lo que había previsto… en el asiento del taxi apenas se apreciaba una pequeña mancha café… porque la vestidura del taxi era oscura…

Pero, entrando a mi casa (yo ya sabía que mis papás no estarían ese día), Aarón, un poco solemne me dijo: “¿Qué onda contigo, Bogdan? No creas que no me di cuenta de lo que hiciste… ya es raro que te suceda dos veces”.

Pero fui un poco más osado en mi respuesta: “¿Te molesta que haya pasado ‘otra vez’?”. Él me dijo un tanto extrañado: “No en realidad, pero…” Yo no lo dejé terminar… inmediatamente, sin pensarlo tanto, le confesé: “¡Me gusta hacerlo!, me divierte”… “¿Qué?” fue el inicio de su respuesta: ¿Lo has hecho otras veces, la del otro día, en El Chico, no fue un accidente?” Yo sólo asentí… Y él, riendo un poco, me dijo: “¡Wey, estás loco, pero chido!…

Así que, aún con él en mi casa, me dispuse a terminar lo que me faltaba por “expulsar”, y esa vez me atreví a disfrutar mi pantalón todo cagado un buen rato… Desde luego, Aarón sólo observaba y reía… pero no se atrevió a hacerlo, ni yo se lo pedí.

En fin… un poco más para otra ocasión.

Funske Bogdan, de México. Saludos y buena cagada…

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